(El cariño también es incomprensible. Esa
es la sabiduría de los ángeles.
Cuando miran hacia lo Alto
sus ojos pueden salir un instante cegados
y el corazón es también herido por una luz descomunal.)

El sueño terrenal quiere, en tanto,
el múltiple calendario de tus buenas palabras.
El territorio, dulcificado,
que recorres cuando alguien puede caminar junto a ti.
Encontrar un agua sonriente en la mirada.
Cordura: manos cálidas
capaces de mecer una cabeza
como degollada por el filo del destino.

Te toco y eres suave como los sueños.
Pero hay algo en ti que,
en cualquier momento,
podría dolerme:
es la desconocida textura del cariño
(si la rozas a velocidad es capaz de quemarte),
hecha de estrellas, nubes, frutos
y semillas de misteriosas de germinaciones.

Y arena que de pronto resbala y se desparrama,
mi bien apenas atesorado,
si una señal es equívoca,
si una pequeña sombra cae sobre ti.

O soy capaz de extrañarte
aunque estés tan cerca que pudiera darte un abrazo
si pudiera abrazar la fibra más delgada de mi pecho,
allí donde desgranas todavía aquella noble palabra
que podrías haber olvidado.

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