Condúceme a una galaxia desorbitada
y enséñame tu pecho sin permitirme sobarlo.
Llévame a un torbellino de plasma
y húndeme en él de la mano.
Juguemos a ser relámpagos.

Regálame uno de tus cabellos
y tiremos con él de un sol para colapsarlo.
Fundamos el hielo de Saturno
comiéndonos el cuello
sentados en un anillo suyo.
Veamos desfilar los cometas,
mientras me dices al oído
que todo lo que queremos es nuestro,
que el amor no reconoce pasado o futuro.

Si yo -nebulosa triste- me canso,
beberé con ojos cerrados de alguna cascada
que brote justo en medio tuyo.

Hay cielos pizarrosos, azules constelaciones,
planetas de escarcha por explorar.
¡Vamos!, toma un caballo de luz
que hay tanto por hacer del universo.
Coge de entre ellos cual tenga ojos de alba,
dientes de luna, el pelaje más terso.