La gitana y el mar

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Cabello negro que intenta volar
atado a un cuerpo perfección de la belleza.
Un viento grosero se enreda a ella y la olfatea,
ante una luna celosa que mengua.

Hacia un mar helado y bárbaro,
casta ella desliza su porte intruso, gitano.
Entera va pintando un cuadro salvaje,
una marca trashumante
en el paisaje de la nórdica ribera.

Collares de concha, plata y ópalo
caen haciendo sonora cascada
sobre sus senos de proporción exacta.
Y el viento que sobaba su espalda
desciende para anidar en sus faldas.

Y después de sumergirse…
¡ningún ojo ya la vio!

Un mar en brama, excitado,
su engañosa cintura de junco,
su fino talle engulló.