Ayer

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Ayer caminamos por parajes de cuentos de hadas
e hicimos posible una simbiosis hasta entonces prohibida.
lo reconocí todo con una mirada: estaba todo
como en el sueño que me hace apretar la almohada.
Había otros niños que también lo sabían.
Sí, yo ayer conocí la vida.

También saludé a mil poetas cantando al cielo
y juro que vi a la alegría, que en bicicleta me sonreía.
Juntos oíamos sus rimas, mientras del suelo comíamos sandías.
Nadie rezaba, ni había llantos bajo cobijas,
ni siquiera había en los rosales espinas.
Podíamos sembrar tomates, podíamos hacer el vino;
y hasta destruirlo todo en un impulso asesino.

Era todo a nuestro antojo, era todo nuestro juego.
Así que tomaste mi mano… ¡e hicimos llover el fuego!