Mi pena se parece a una muñeca
meciéndose sola con el viento: tan abandonada está.
Ya en el ojo del huracán, o en el ovillo del mal,
estoy siempre en el lugar equivocado.

Como tenazas que apretaran mis sienes,
para colocarme en donde nadie me busca, soy,
de tanto pensar en lo que no tiene remedio.

Y caen las hojas de mis poemas
como cae el polvo en un bosque maldito.

Y caen los años. Y yo envejezco
sin haber confesado lo único importante…