Eres pan solar para este corazón nervioso.
Cuando me hablas,
se inflaman las horas como ráfagas dichosas
y la ansiedad se diluye en tus dulces palabras.

Aun en la tiniebla, si tan sólo te pienso,
conduces mis pasos de vuelta al hogar.
Me duermo abrazado a tu recuerdo.
Y, ay, si de nuevo amanezco afligido,
buscando no sé qué cosa fuera de mí,
tu luz desanuda los nudos de la garganta
y traza en mí una sonrisa.
Porque eres fuego familiar
que sin quemar cauteriza.

Astro de mis días, tiendo siempre a ti
con manos alzadas.
Tu indulgencia baja mi pecho,
ensanchándolo; y allí cabes siempre,
en toda tu formidable magia de muchacho amado.
Tu belleza ilumina entonces La Creación entera
y la sostiene.

No dejes nunca a este niño que tanto te necesita
vagando de vuelta en la oscuridad.

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