1

El toro del deseo fertiliza la tierra
con su semen inmemorial:
nos convoca a la inmolación.

Somos ya amalgama de mucosidades
inocuas si se beben, regalos al paladar:
sabor a moluscos en su concha;
a fango de torrente revuelto, bebido en su fuente.

2
Tus olas penetran las playas de mi piel,
rito del agua que se purifica en el sexo.

Y cada desgarramiento contiene
el augurio de la religiosidad.
La noche se hace brillante
regresándonos a la selva, al manglar,
donde aguardan los verdaderos enigmas.

3
Mi amor es un felino: constelación de ojos.
Y cuando anda, señorial,
el verde se le embarra, lo va lamiendo.

Vapores azules. Las lianas son extensiones
de nuestro tacto hambriento.

Hinquemos el colmillo en el corazón rasgado.

4
Descubrí el fuego en ti.
Mi hacha te amedrenta. Te golpeo.
Porque tu cuerpo se amasa en mis manos.
Yo te haré estatua. Así serás recordado
cuando yo y este poema hayamos muerto.