1
Hervidero de conejos. El beso esquimal
es pretexto para degustar el ano.

Arborescencias en los límites de la luz:
atracción impostergable de los ungidos.
Caída y vértigo de la ascensión.


2
Espíritu de la mañana, no hay sendas imposibles
para la ambición que todo trasforma.

Dar mi frente emancipada
al salvajismo de los vergeles
es el precio justo: balance de dendritas crespas
y chorreos múltiples. Nata y betunes.
Entonces nos sometemos.


3
En verdad te digo: prostitúyeme en tus bares.
La pauta es –anatomía de la oferta–
un sorbo fantástico de cinturas:
barroquismo de sentidos
mordiendo el plátano que está muy maduro.

Así será tributado el filete.

Dejaremos correr las glándulas
sobre todos los valles.
Rozaduras en los glúteos y marcas de dientes
que testifiquen la gravedad cero.


4
Porque la primavera
nos regala ya su polen,
el burro se hace indolente. Los vendavales
te dan sus dedos; y entonces huelo tus axilas.

Así resucitamos del polvo
para rescatar al planeta: sólo lujuria

y nada más sobre lo creado.