Es tarde.

El sol asoma tímido
a bañar espaldas
en conmiseración dudosa.
No vamos a reflexionar.
Una sedición inadvertida se ajustaría
a su lugar entre las cosas.

Porque estamos enojados,
desdeñamos la belleza.
Así los niños
olvidan los asombros primarios
y ya nadie mira la trampa.

Pero, como sin querer,
un estar tan así te delata
con su irresponsabilidad;
y la pregunta finalmente te reclama:
bostezar
o vivir.

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