Hablar solo

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No lo niegues. A veces, muchas,
la galaxia de movimientos y entes rebalsa
tu posibilidad de diálogo.
Y entonces
opera un lenguaje involuntario
como río de lodos espesos
que atraviesa diques.
Y aparecen blasfemias,
arrinconadas contestaciones
al poder que te conforma: palabras de amor
a los fantasmas.

Mas, mira bien:
no eres tú quien habla.
Es el pequeño demonio sentado
a tu izquierda
quien pone en ti palabras
como alguien la cuchara en boca menesterosa;
mientras el ángel se ocupa en dejar
la belleza de tu rostro
intacta.

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