Home Arte Literatura La vampira como femme fatal: Clarimonde (Parte II)

La vampira como femme fatal: Clarimonde (Parte II)

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Los momentos cumbres de la elaboración de la vampira como femme fatale nos vienen dados por dos obras importantes: La muerta enamorada (1836) Théophile Gautier y Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu.[1]

            Clarimonde es la vampira que protagoniza La muerta enamorada,[2] obra maestra de la narrativa vampírica escrita por Gautier, la cual muestra a una mujer que ha fallecido luego de una orgía de ocho días, y vuelve a la vida por la sola fuerza del deseo. En esta novela corta el mundo pagano, diabólico y femenino choca escandalosamente contra la moralidad cristiana de la época.[3] Clarimonde es descrita con una belleza voluptuosa, destacándose en ella un aspecto mágico, pues incluso puede convertirse en otras mujeres de belleza igualmente exótica. Romualdo, el joven cura que se enamora de ella, sabe desde el principio que hay algo extraño y desconocido en ella que encarna lo opuesto a su concepto de feminidad dado por la Virgen María.[4] Clarimonde atrae al protagonista a través de su sexualidad, con el fin de ejercer una trasformación en él. La vampira intenta expandir sus intenciones, instigando a Romualdo, manipulando sus creencias religiosas, queriéndolo sacar de sus votos de castidad, y con ello liberarlo, hacerlo abandonar a Dios, con quien la vampira se compara.[5] A través de su carácter trasformador, seductor y encantador, consigue alterar el comportamiento de Romualdo. Él había sido advertido por el abad Sérapion de la naturaleza vampírica de su amante, a quien se le ha identificado con el mismo Diablo; sin embargo, el joven cura, embelesado, se niega a dar crédito.[6] Ramualdo encarna así la voluntad de perdición, al reconocer, tras la destrucción final de la vampira, que Clarimonde lo hacía feliz y que nadie le hará más feliz, que nunca amo a nadie tanto como a la vampira, ni siquiera a Dios.[7] Habiéndola visto muerta, Romualdo la encontrará más hermosa que nunca. Es aquí donde la novela muestra más plenamente su carácter necrófilico y herético, ya que, ante el cadáver de la vampira, el joven cura además de manifestar un deseo vivo de poseer el cadáver amado, blasfema al comparar sus manos con el cuerpo de Cristo.[8]

Es interesante señalar que a esta vampira se le atribuyen características animales que la relacionan sin duda con lo primitivo:


La sangre corrió en hilillos purpúreos y algunas gotitas salpicaron a Clarimonde. Sus ojos recuperaron entonces el brillo, y noté en su cara una expresión de feroz y salvaje alegría que hasta entonces nunca había notado. Saltó del lecho con agilidad animal –con la agilidad de un mono o de un gato– y se lanzó sobre mi herida, que succionó con indescriptible voluptuosidad. Sorbió despacio mi sangre, con la delectación de un gourmet que cata un vino de Jerez o Siracusa; entrecerraba los ojos, cuyas verdes pupilas no eran ahora redondas, sino oblongas. De vez en cuando se interrumpía para besarme la mano, después posaba sus labios sobre la herida y bebía una nueva gota. Cuando vio que la sangre cesaba de manar, se levantó con los ojos húmedos y brillantes.[9]


[1] Otras vampiras importantes en la literatura las encontramos en: La novia de Corintio (1797) de Goethe, Vampirismo (1821) de E. T. A Hoffman, “Lamia” de Keats y “La metamorfosis del vampiro” de Baudelaire, entre otros textos.

[2] En inglés el libro se publicó con el titulo de Clarimonde. Apreció originalmente en dos entregas fechadas el 23 y 26 de junio en La chronique de Paris. Cfr.:Sánchez-Verdejo Pérez, F. J (2011): Op cit., p. 368 y 369

[3] Gómez-Morano, M. y Hewwit Hughes, E. C. (2013): Op. cit, p. 368 y 369

[4] Ibídem, p. 370

[5] Ibídem, p. 371

[6] Luengo López, J. (2013): Op. cit., p. 88

[7] Gómez-Morano, M. y Hewwit Hughes, E. C. (2013): Op. cit., p. 374

[8] Luengo López, J.: Op. cit., p. 86

[9] Citado: Eetessam Párraga, G. (2014): Op. cit., p. 90. El critico autor de este estudio se dirá que esta es una de las escenas más sensuales y eróticas de la literatura fantástica del momento.