Ojos negros

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Tus ojos son dos abismos de sombra,
lámparas taumatúrgicas que chispean mi apetito
cuando, como un gato, recorro el caserío
esperando la noche de los amantes.

Ojos que conocen mi vigilia,
que guardan mi sueño cuando, en tus brazos,
caigo vencido por el sopor vespertino. Ojos

que no se cierran
cuando acaricio con mi lengua tus labios
como si en ello se me fuera la vida.
Yo encima de ti, o debajo, pero definitivamente adentro,
más adentro que la oscuridad en tus ojos.

La ceguera de la apetencia se instala
como reino de dos entre nosotros
cuando tus ojos, faros de tiniebla,
vienen a señalar el derrotero de los barcos humanos
que se hunden por voluntad en un agua de placer que hierve
en la alcoba, mi alcoba, toda de invitación y confianza.

Tú me desnudas con la mirada.

Y sé que en su interior
estaré haciendo alguna delicada, inocente obscenidad.

Indescifrable y brillante obsidiana,
algo –yo– madura adentro de ellos.