De acuerdo con la Enciclopedia de la Literatura en México, Mercedes Alvarado “Nació en la Ciudad de México el 2 de febrero de 1984. Poeta. Estudio Ciencias de la Comunicación en la UNITEC y cursó el Diplomado de Creación Literaria en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia del INBA. Autora y productora del proyecto poético multidisciplinario Y hasta la muerte amar. En 2015 formó parte del Colectivo Musikansk realizando actividades de poesía en voz alta en torno a la tradición de Día de Muertos en Oslo, Noruega. Ha colaborado con distintos grupos de hispanohablantes en Noruega mediante Conferencias sobre Literatura Mexicana Contemporánea y Literatura Mexicana Urbana. Ha sido colaboradora en publicaciones de México y el extranjero, como Blanco Móvil, Flanzine (Portugal) y Monolito. Su obra aparece en las antologías Púas en el alambre (Mónica Soto, Amarillo Editores, 2006) y 60 Minicuentos (Mónica Soto, Amarillo Editores, 2008) y Antología de mujeres poetas (Ana Carrera y Athena Félix, Aquelarre, 2014).”     

En la siguiente entrevista, publicada originalmente en el periódico virtual jalisciense El vallartense en 2007, Mercedes Alvarado, autora de algunos tomos de poesía, nos habla de su trabajo: mantener vigente la tradición de la palabra a través de la escritura y de la práctica de la lectura pública, mediante el cual se da el acercamiento entre autora y público de una forma más personal.

¿Quién es Mercedes Alvarado?  ¿Con qué sueña en su futuro?  ¿Qué quiere regalarle a la gente que la lee, que la escucha?
Debo decir que soy tan poco común como cualquier otro. Con mis sueños, familia, amores y penas sobrevivo; escribo porque no sé hacer otra cosa conmigo, con lo que sucede en mí y a pesar de mí.

La poesía es el eje rector de mi vida, todo lo demás gira en torno a ella. No la concibo como un acto especial sino como una forma de vida; está en la manera en que se mira al mundo, en el tacto, el gusto… cada detalle cotidiano tiene un fondo que puede llegar a ser difícil de percibir, pero ahí está. Estoy sintiendo todo el tiempo, estoy siendo testigo de una realidad que se construye y reconstruye a mi alrededor, y ésta es la esencia de lo que intento decir.

Hablo de las cosas sencillas, no de las simples, y espero seguir haciéndolo mientras respire y pueda sostener el lápiz. Es esto lo que hay detrás de cada texto: un testimonio de cómo el mundo me va tocando la existencia, o de cómo voy interactuando con él, con sus actores y elementos. De ahí que el ejercicio de la poesía en voz alta ocupe parte importante de mi actividad; creo en la palabra y en todas sus manifestaciones, en la palabra que mueve algo –por mínimo que sea– en el que la escucha o la lee.

¿Cómo sientes el panorama de la escritura “femenina”, particularmente de la poesía, en México?
Hablar de una “escritura femenina” es complicado. Consideremos, en principio, que hablar del arte con un género es ya limitarlo, y el arte no puede estar limitado, va en contra de su naturaleza.

Creo, sin embargo, que la mujer tiene una particular forma de expresarse y que ésta es una consecuencia y causa de la imagen social que se le ha fijado, de los paradigmas con los que somos educadas la mayor parte de las mujeres.

En México, por ejemplo, tenemos todavía grandes tabúes respecto al comportamiento “debido” de la mujer. De ahí que muchos puedan espantarse al leer textos profundamente eróticos, o que se tenga la preconcepción de la poesía femenina como sinónimo de romanticismo.

La obra de una mujer jamás podrá compararse con la de un hombre, pero no porque merezcamos una categoría especial en los estantes de las librerías, sino porque nuestra naturaleza es distinta. Si somos educados con premisas distintas, ¿cómo podría ser nuestra percepción del mundo la misma?

¿Con que ojos miras, con que palabras hablas de la brecha decisiva que abrirían poetisas como Margarita Michelena y Rosario Castellanos para las mujeres mexicanas que decidirían vivir escribiendo?
Michelena y Castellanos vivieron en un México en el que era aún mayor esta diferencia social entre los oficios y profesiones para hombres y para mujeres. A ambas hay que admirarles la tenacidad que tuvieron, como seres humanos más allá de su género, la inteligencia y la consumación a través de sus letras.

Estas grandes mujeres se decidieron por un oficio tan digno como cualquier otro y lo llevaron a cabo con las agallas suficientes. Hay que resaltar, también, que ser escritor no ha sido fácil en nuestro país ya desde aquella época, así que, en lo que a mí respecta, tienen mi admiración por motivo doble: primero por la decisión y perseverancia, y segundo por la congruencia que mostraron a lo largo de su vida.

¿Crees que lo entendemos por poesía sea verdadera una forma de plasmar o representar una particularidad de la esencia del mundo?
La poesía, como todas las artes, ha sufrido modificaciones en sus formas y fondos a lo largo del tiempo. Lo que hoy es común, como el verso libre, hace doscientos años habría sido impensable conforme a los cánones estéticos y formales de la época.

Poesía es, ante todo, arte, y el arte es subjetivo desde su nacimiento hasta su interpretación. Pero, para que exista este fenómeno artístico, es necesaria la comunicación, el vínculo entre el lector y el poeta en este caso; esta estrecha relación no existe en todos los casos y esto puede deberse a múltiples factores.

No se trata solamente de representar una realidad; esto puede hacerse con una fotografía y no necesariamente estamos hablando de que en ella exista una intención artística. Cuando se genera este vínculo, este diálogo del que está sintiendo en un tiempo y espacio, y el que vuelve a sentirlo quizá tres siglos después, en un contexto distinto; es entonces cuando existe la poesía. Y para ello hace falta la conjunción de la forma con el fondo, porque decir “te amo” sólo puede decirse de esa manera, pero el poeta puede decir te amo de ésta o aquélla forma, enfocarse en puntos específicos, en vértices determinados. Me parece que la poesía consiste básicamente en tejer con las palabras una parte de la realidad, pero no en representarla como tal, porque, si nos avocáramos sólo a este punto, estaríamos haciendo ensayos, análisis, periodismo, otras cosas, pero no poesía.

¿Qué poetas admiras?
Son muchos. Hay que aclarar que la poesía se encuentra en tantos sitios y son tantos los hombres y mujeres que la han practicado y la practican aún sin escribirla, que nombrar a algunos cuantos no es más que algo representativo.

Tengo una preferencia particular por los latinoamericanos, quizá porque en su realidad me siento mucho más identificada que en otras. Sabines, Benedetti, Girondo, Gelman, Jair Cortés, María Rivera, Otto Raúl, Fernández Granados, por nombrar algunos.

Algunos otros que ocupan un sitio importante en mi librero son Machado, Bécquer, Beckett, El Marqués de Santillana (quien por cierto fue una de mis primeras lecturas poéticas), Waldo Leyva, Zurita, Domenchina… creo que no terminaría con la lista.

¿Qué tan importante es para ti que un poeta de la actualidad maneje el internet como herramienta de extensión y difusión?
También los medios cambian con el tiempo; de la poesía lírica al verso libre hay casi un abismo en las formas, y digo casi porque en el fondo estamos haciendo lo mismo hoy que siglos atrás. Finalmente hay una necesidad poética y un poema, y los caminos por los que anden para encontrarse son sólo medios, pero lo importante es que ocurra este encuentro.

Para mí el Internet ha sido un medio altamente fructífero. Una de sus grandes ventajas es que una persona puede leerte al otro lado del mundo sin que el coste sea elevado para ninguna de las partes. Digamos que hace más sencilla la difusión, hoy no tengo que recorrer librerías para encontrar algo, basta buscarlo en la red para tenerlo al alcance, y esto es una gran ventaja considerando que una de las razones por las que la gran mayoría de la gente dice no leer es el precio de los libros.

El libro en papel sigue ahí, y no perderá su sitio, pero la difusión en Internet incrementa las posibilidades de que ocurra el encuentro entre el que busca leer y el que tiene algo que decir.

¿Tienes algún nuevo poemario en preparación?
Hay nuevo material que ya ha estado difundiéndose tanto en la red como en las presentaciones que solemos hacer con algunos buenos amigos músicos como Ramón Baturoni o Andrés Herrera.

Quizá para el próximo año estemos trabajando ya en la compilación de este material nuevo, y de algunas otras cosas inéditas para tener una publicación un poco menos extensa que Cuerpos ajenos.

También tengo un proyecto poético que tomará un poco más de tiempo, que versa en la línea del acercamiento y distancia con la concepción de la muerte.

¿Qué opinas del suicidio?
Llegar a una determinación como el suicidio implica un altísimo grado de desesperación y desesperanza, una carencia de mejores visiones para el día siguiente y creo que, de cierta forma, la consumación de la vida a propia mano se convierte en una salida, en una solución para situaciones a las que no es imposible darles otra conclusión.

Se habla mucho del valor necesario para suicidarse y del mismo valor que hay que tener para hacerle frente a la vida. Finalmente, me parece una decisión personalísima, altamente íntima en la que ningún otro forma parte.

Parte de vivir son las complicaciones y adversidades, tanto o más importantes que las sonrisas y los buenos momentos. Definitivamente opto por la vida, porque me parece que vale la pena seguir respirando.

Hay muchísima gente que se suicida sin un arma, que siguen existiendo y aún así no viven. Éste me parece el suicidio más trágico y, sin embargo, el más frecuente.

¿Y del aborto?
Hablar del aborto en términos generales es muy distinto a considerarlo en situaciones específicas, con nombres, apellidos y una serie de variables determinadas. Habría que verlo quizá en cada caso como un hecho específico, aunque no aislado de la realidad colectiva.

Como mencioné antes, opto por la vida en todos los casos. Sin embrago, respeto profundamente cualesquiera decisiones que alguien pueda tomar y que dependerán siempre de los valores, idiosincrasia y convicciones de cada uno.

La palabra anacoreta aparece mucho en tus poemas, además de que tu primer poemario se llamó Versos anacoretas. ¿Te consideras una anacoreta?

Durante algún tiempo lo anacoreta formó parte de mi lista de temas obsesivos, jaja. Entre ellos están, en la misma etapa, el significante directo de la utopía, y del silencio en diversas situaciones. Versos anacoretas es una plaquette que incluye una serie de poemas que versan en torno a cómo se perciben distintas situaciones siempre en un contexto de soledad: de ahí su nombre. Lo que pretendía era fijar un ambiente muy claro teniendo como eje esta situación precisa que lo mismo es consecuencia que causa de cada uno de los textos incluidos en esta publicación.

Despidámonos con un poema tuyo. ¡Muchísimas gracias por tu tiempo!

POCO SÉ HACER

Poco sé hacer con la vida.
Mover las piernas
jugar los anillos
refugiarme en la cocina durante la neurosis
hacer bufandas para los días de lluvia
          aunque estemos en invierno
          aunque tenga calor
          aunque me suden las manos

camino cuando quiero correr
y camino aunque no quiera caminar

acudo a mi búsqueda cada instante
me quedo en el ardor sobre los labios después de un puro
en la amargura del gusto autorizado
de cuando en cuando, de vez o par por mes o año

a dos medidas doy en casi todo caso
no sé llegar al medio y quizá me encuentro allí
marcho de la mano conmigo
y en el filamento de un pasto olvido
qué estaba buscando
     buscando-me.