Eres el templo vivo,
ardiente,
de mi apego.
Pájaros chispean y echan a volar de tus manos,
porque en ti todo es prodigio:
la risa del niño,
sus dientes blancos haciendo explotar la calma,
llenando el círculo del día de oboes, tronos,
lúdicas geometrías.

Circunstancia de la dicha,
en ti como mi pan amasado con saliva
y bebo mi leche siempre a tiempo.
Un alba dulce nos ampara y cubre,
si juntos;
y ni el lirio se vistió así en su gloria.

Puerto de luz,
escala por donde baja el milagro a la tierra oscura,
siembras de astros la noche de mi sueño,
la llenas
de raíces y alas; le otorgas consistencia.
Todo es colmenas a tu alrededor.
Patriarca,
hijo siempre grato.

Gacelas humildísimas corren por tu sangre;
pero tu pecho es la fuerza de mil mares golpeando.
Cuando en la fiesta del verano
llueve sobre los espacios florecidos,
eres tú lo más hermoso.
(Eres entonces el fruto desgajado,
dispuesto a incendiar toda mesa y garganta.)

Trago de luz,
ebriedad,
escarcha para embellecer cualquier invierno,
nadie me ha tocado como tú alguna vez.

Más allá de los límites
y las formas,
en ti conocí el amor.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí