Yo no tengo la culpa de ser pobre,
de no tener un futuro socialmente insertado,
de ser joven y suicida,
de que mi familia esté desintegrada,
de carecer de un trabajo remunerado;

de ser fósil el bachillerato,
de que la vida sea una pesadilla,
de sentir miedo cada vez que salgo de casa.

Yo no tengo la culpa de la guerra,
de la crisis bancaria de la nación,
de ser casi un niño de la calle.

No. Yo no tengo la culpa de haber nacido.

Por eso,
-que te quede muy pero muy claro:
por Dios espero que lo hagas-
cuando mienta diciendo que tengo talento
y que soy un artista incomprendido...
créelo.

En serio.

Por favor, si quieres...
¡Pero créelo!

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