Como una flor de primavera eres
que entrega a los cuatro vientos su esencia
sin esperar y sin pedir.

Toda tu condición es de muelles sin término,
de puertas que se abren
y de promesas hechas.

Como una estancia te expandes.
Desgajas los ladrillos grises que sostienen la tarde;
tienes la llave de la oscuridad cerrada,
de la mismísima y hermética noche.

Buscas en ti y encuentras un espejo.
Y en él contemplas la ascensión del agua,
la nutrición de la tierra, el crecimiento del lirio,
la esperada renovación de la aurora.

Levantas y sostienes el espejo donde habito,
donde es posible sentarse y descansar.