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En una bahía escanciada de luz

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1
Habrá que deslizar un espeso bosque de algas
sobre tu cuello al jadear en tu oído,
para decir el nombre de este frenesí.

De esos limos tienes el cuerpo y la maleabilidad.
De estas espigas que cortan el cielo, la delicadeza.
De mí lo tienes todo.

2
El mar nos brama en la mirada como un enorme toro
que necesitara urgentemente embestirnos.
Se allega; tira las piernas, despoja la ropa.

El mediodía perenne, polimorfo,
de esta selva untuosa de gravedades, nos responde.
Se mueve a tu ritmo pelviano,
agita su floresta despeinada con cada gemido.

3
El trino de las aves del paraíso
lamerá todavía nuestros costados
mientras tu hermosura centellee así de feliz.

(Nuestro afecto es ya más blanco que la arena.
y las bestias comiendo de nuestra mano.)

4
Necesito una espada,
para cortar el telón de este mundo;
y exhibirnos tal como somos.