Este año apareció el libro de poesía Una tortuga del escritor mexicano radicado en San Luis Potosí desde 1970 Norberto de la Torre (D.F., 1947). Aparece bajo la editorial Filodecaballos, especializada en publicar poesía mexicana experimental y de corte muy actual; y bajo una licencia Creative Commons que permite copiar y socializar libremente el contenido del libro, siempre y cuando se haga sin fines comerciales y respetando el contenido y la autoría.

            El libro abre con un epígrafe de Jorge Luis Borges: “No hay una cosa / Que no sea una letra silenciosa / De la eterna escritura indescifrable… / El azar ha tejido la madeja”, que propone una declaración de principios o al menos una ruta de lectura para el poemario. Es interesante notar así que el primer apartado del libro se titula “Libro primero: el azar”. En él se alude a un hacer poético en el que interviene mucho el caos. “Mis poemas nacen del caos; a otros toca asignarles un lugar en el cosmos”, dice el autor, quien hace converger diversas técnicas poéticas superpuestas que refieren a un reconcentración de imágenes que al final remiten a los modos azarosos en que se ordena el mundo y al final comentan su absurdo mismo: “Pinto el absurdo de nuestro mundo actual con el absurdo ¿qué es más absurdo, sembrar un ciprés en un espejo, o un soldado asesinando niños?”, refiere De la Torre.

            Es interesante notar también cómo estos poemas buscan formas nuevas para el autor de recurrir al verbo poético sin la necesidad de las formas escriturales de otras décadas: “De pronto me di cuenta de que mi forma de escribir del siglo XX ya no era suficiente y busqué formas alternativas en el siglo XXI; nada invento ni me adhiero a corriente alguna, simplemente escribo cosas que resuenan con mi actual manera de ver y de sentir.” Esto está muy en diálogo y consonancia con la escritura de otros poetas contemporáneos que presentan formas diferentes de concebir por un lado la realidad y por otro la concepción misma de lo poético, entre los que el autor menciona a Ángel Ortuño, Diana Garza Islas, Julián Herbert, Sara Uribe, Inti García Santamaría, Olga Gutiérrez Galindo, Jorge Posada, Amaranta Caballero, Hernán Bravo Varela, Xitlali Rodríguez, José Eugenio Sánchez, Maricela Guerrero, José Kozer, Xel Ha López, entre los que faltarían otros muchos que han sido adscritos a lo que se llama comúnmente vanguardia.

            Sobre esto abunda el poeta, entrevistado para esta revista:

Los términos tradición y vanguardia son arbitrarios, primero son los poemas y después la teoría. En mi caso no tengo una formación literaria académica, (estudié psicología y filosofía política). Mi formación se dio a partir de las lecturas, muchas lecturas, de todo tipo. Pienso que cada poema nace de un contexto, de lecturas y experiencias combinadas de maneras azarosas. (…) La vanguardia dejó de ser vanguardia hace tiempo, ahora es una tradición. La LITERATURA no existe: existen múltiples literaturas posibles. Tradición es un término impreciso. Repito, vanguardia me parece un término técnico que no describe bien a bien la realidad. Así, no sé a qué referirme con ese vocablo. En resumen, creo que hay tantas “vanguardias” como poetas. Y sí, existe un importante grupo de personas que hacen una poesía que pretende desmontar el pensamiento único y el concepto mismo de lo poético. ¿Eso es vanguardia? No lo sé; pero existe y está sana.

El siguiente apartado del libro se titula “Libro segundo: la tortuga del rey Wen” cuyos poemas acaso pueden bien funcionar como un solo poema dividido en 30 momentos y en cuya escritura se repite el principio azaroso: “Toda predicción emerge del azar”, se dice en uno de los poemas. Al final, habría que pensar por lo tanto en que la poesía es “El arte de parchar la realidad con las palabras.” Veamos dos fragmentos de dos poemas diferentes:

Sí, lo mejor es no decir y solo sostener,
en la palma de la mano,
la última gota de lluvia del verano.

*

Un discurso de libélulas amargas.
La ciudad como lluvia de cristal en un cilindro.
Las palabras arrojadas
al tapete del amor como si fueran dados.

Todo esto bien aparece como una suerte de indagación estética sobre la imagen considerada inicialmente como “un espacio en blanco”. En cuyo flujo el lector no puede bañarse dos veces, como en el río de Heráclito, porque su mismo carácter dinámico y sus referentes imprecisos nos lleva a encontrar que el poema es resbaladizo y de difícil sujeción, huyendo siempre de una aprehensión única y definitiva. “El dictamen: todo puede ser”. Por ello, la operación de la interpretación implica un “entrar a navaja en el discurso”. Dentro de todo esto, relucen algunos pensamientos filosóficos, al modo de aforismos:

Nada es verdad: el mundo es una mácula en el ojo.

No existe más camino que la cuerda floja.

El poema está vivo y muerto al mismo tiempo

El tercer y último apartado del libro se titula: “Libro tercero: el ensayo”, entre cuyas potencialidades figura la de poderse leer como una poética enmascarada del ensayo así como de la poesía que no deja de subvertir principios canónicos y hegemónicos (“en la clase de español nos enseñaron a comparar un poema con un peluche grande”), para proponer una dispersión de las posibilidades, un derrumbamiento del sentido unívoco, una fragmentación de la unidad, una estética del azar y la libertad en vez del logos articulado. La deriva. “Ensayar es / preciso para sacar al mundo de un / guijarro” y poder erigir respuestas a preguntas no formuladas, en medio del caos. “En el fondo el ensayo es un juego / de azar, una hipótesis de cara o cruz en pleno vuelo”. Compartimos un poema completo de este apartado, para poder observar la manera en que el autor juega con estas concepciones (ensayo/poesía) a favor del nomadismo, de la inestabilidad entre las categorías.

ACERCA DE LA TOS Y LA POESÍA

el sábado no pude anotar una nueva entrada
en mi cuaderno, tenía tos y no quise iniciar un
ensayo acerca de la tortuosa relación de la tos
con la poesía. la tos como quiera: el corazón
en la garganta, pero la poesía: ve tú a saber.

pude haber puesto: “ninguno de nosotros sabe
nada de nada… todas las cosas son lo que uno
piense de ellas.” el problema es que eso ya lo
escribió Metrodoro de Kíos y en su obra completa
nada dice de la tos. el sonido gutural de los
batracios: la tos es la forma primitiva de la voz.

Julián Hebert ha notado cómo en este libro De la Torre revisita algunas de sus obsesiones y postula otras nuevas: “por ejemplo, los límites entre el verso y la prosa, tejidos con malicia en los encabalgamientos); y sobre todo, profundiza un ejercicio de autosabotaje formal y conceptual que recuerda por momentos la actitud ética (y diurética) de poetas como Gerardo Deniz o Isabel Freire”, mediante al sorna, la ironía y la irreverencia.

            Para el poeta, la poesía figura como un espacio posible en el que reina la referencia múltiple y la apertura al desciframiento lúdico en oposición al acartonamiento de las formas comunes y del significado totémico. Lo que supone una afirmación de la libertar poética. De la libertad humana. Preguntado sobre la necesidad de la lectura de poesía, el poeta asevera: “Creo que leer poesía es importante para todas las personas, para cualquiera que pretenda entrenar su sensibilidad y generar una barrera contra el poder y la manipulación. El poema es el lugar en el que el lenguaje deja de ser poder y se transforma en libertad.”

El autor

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