De mucho pensar en murciélagos y cisnes,
en el inicio del tiempo y la desaparición de la materia,
ha creado frases magníficas en su mente
que se abisma tanto
y ríe al recordar otras sandeces.

Se acumulan las vajillas siempre incompletas,
los cacharros sarrosos,
los cubiertos carroñeros.
Pero él se deja jugar con el ratón de su cerebro,
pues la mano jabonosa no descuida pericia.

Come bocados desdeñados
cuando no lo mandan a algún servicio ingrato
que no le corresponde.

Así espera pagar sus estudios universitarios.
Así escribe algunos versos
que corrige muy de noche
y alguna vez olvidaría.

No así la humillación de lavar la baba,
los virus, los desperdicios de los pudientes.
Ni el maltrato del compañero de turno que lo reconoce
como el más bajo eslabón de la cadena empresarial
(y alimenticia).

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