El amor es el funeral de lo existente. Y hasta los poemas mueren. Cuando los demonios acosan los dormitorios, el rezo de la piedad es también un arma blanca que nos lleva de la mano a la caravana fúnebre.

La soledad, tan frágil, quiere tus lunas para pintar acuarelas sacrílegas y flores en su majestuoso ártico. Por años hemos querido olvidar. Pero el fuego sin descanso de la maldad está listo para abrazarnos en su gloria, en esas manos que estrujan cada suspiro.

Siento tu aliento tan blando como una cama, tu cansancio, y sé que mi santuario no es de metal alguno, pues reside en la tibieza de tu deceso. Bajo el ala ríspida del demonio del amor, que nos acaricia el sexo tan dulcemente que nos creemos tontamente felices.

Hoy es un día perfecto. Porque estamos muriendo juntos nuevamente de amor.