Cuanto estoy contigo quiero vivir (Ediciones Amatlioque, 2022), el nuevo libro de relatos de Dante Vázquez, nos lleva de la mano por historias en las que el riesgo se asume en no proponer secuencias lineales para los hechos acontecidos adentro de la página; sino que, a través de estrategias como la fragmentación, el cambio de perspectivas o a veces la polifonía, se configura una manera de narrar más orientada hacia lo literario concebido como juego del sentido, invitación a la interpretación y búsqueda de la sorpresa en la novedad. En tal sentido, la estilización del lenguaje, recurriendo a usos metafóricos e incluso estrategias tipográficas, dotan al texto en general de un dinamismo en busca de un lector cómplice que decodifique y participe de la co-creación del texto en la lectura activa y no meramente pasiva y receptiva.

            Si bien, el título nos puede llevar a pensar en un ámbito meramente sentimental, lo cierto es que los sentimientos articulados en este trabajo van de los más elementales hasta al límite donde éstos detonan en sangre, asesinato y suicidio. Y es que “cuando la luz y las sombras chocan en el horizonte se abre el ocaso”, representación de una paleta de colores en los que las atmósferas se tiñen de una multiplicidad, no sólo cromática, sino emocional y pasional.

            El libro nos lleva también por derroteros en los que las presencias algo más allá de la terrenidad se manifiestan de una y otra manera, sin caer en los extremos propios de lo maravilloso, sino más bien, confrontándonos a la realidad inaplazable de que este mundo contiene un germen de otras realidades que a veces percibimos si estamos atentos a ello o somos tocados por la fortuna.

Consciente de que “el amor y la muerte siempre nos miran a los ojos”, Dante entremezcla registros y tonos para configurar estructuras polivalentes que terminan en muchas ocasiones en giros del curso en que parecieran ir las manecillas del discurso. Historias no exentas de violencia, sexo, destrucción y por supuesto el dramatismo de vivir en un mundo en que tan sólo ser significa ya una hazaña. En uno de sus relatos se lee: “Desde que se alza el telón y entramos a escena somos farsa, tragedia, drama y comedia. Máscaras, disfraces, utilería. Improvisaciones de la pantomima a la palabra, al diálogo. Adaptaciones propias de otros personajes principales, secundarios, de relleno. Imitadores y representantes de lo ajeno para lo nuestro, para Nada, para Todo, para Ser.”

Tal vez mirar de frente esta especie final de vacío al que remiten las cosas sea uno de los recursos buscados del autor cuando declara que “El horror del abismo enloquece”. Pero lo hace no sin cierta fascinación que en la literatura ha relucido siempre como uno de los ejes que la atraviesan históricamente.

            Por otra parte, también, bajo la consigna de que “A veces el mínimo esfuerzo corrompe”, Dante se preocupa de dotar de su discurso literario de complejidad, razón por la que sus historias implican también en sus diferentes casos un reto de la atención, del fijarse en los detalles y decodificar las alusiones, las referencias. No importa que esto nos lleve a una dimensión monstruosa, como en el cuento “El puente”. Finalmente, una de las razones de ser de las leyendas, orales o literarias, es precisamente esconder y revelar a la vez esa monstruosidad que la vida lleva implícita. Así, Dante nos dice, a través de uno de sus personajes: “Acéptalo. Asúmelo. Enfréntalo. Somos animales del miedo. Eres ese animal demoníaco que busca salvación sabiendo que la existencia es una hoja en blanco; y la vida, tinta roja.”

            De pronto, en las historias de Dante, que parecerían a veces extravagantes, se esconde lo universal en forma de una sentencia proverbial clara que dota de humanidad a la experiencia escritural de su autor, y lo hace no de dejar del todo este mundo extraño y envolvente que llamamos realidad, aunque en verdad nadie sepa decir a ciencia cierta en qué consiste ésta. Pero aun así, acaso sea una certeza que “”El mundo se percibe a través de una red de hilos, si mueves uno sólo cambias el destino.”