¿Alguna vez
has levantado tu boca,
para beber esa frescura continua
que nos viene del cielo:
la lluvia?
Salgamos a beber de las nubes
y a recibir en nuestras cabezas
esa gracia
con que se lavan la preocupación y el tedio.

Mira
cómo se han curvado las flores del durazno
bajo la redondez
de alegres gotas.
Así
nuestro cuerpo se doblará del placer inefable
que es cantar
hacer rondas y reír
bajo la repartición del afecto celeste.

Nos bañaremos juntos.
Correremos
sobre el campo lleno de gratos olores.
Desnúdate conmigo…
Así.
Pero no seas tan pudoroso;
déjame mirar bien tus pies:

sus uñas me parecen hoy más brillantes
que las estrellas vespertinas
que justo ahora despiertan.

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