Cuando por fin te abrace, brevedad de la sonrisa,
firmamento azul y resplandores,
todo mi cuerpo temblará de desvelados placeres.
Agua, agua fresca para mi sed espero.
Espero el círculo de tus brazos cerrado en mi cintura
levantándome hasta las más altas estrellas,
–estoy seguro de ello
como de que el alba prosigue a la noche
y que otra vez amanece en nuestros perfiles–,

tus brazos otra vez sosteniéndome seguro
bajo ese viento estelar,
allí donde volvemos a estar juntos
como eslabones de un misma cadena de esperanzas,
donde tú dictas mi ley,
donde somos posibles todavía.