A ti estoy completamente entregado,
cordero que deja su rebaño
para echarse a los pies de su amo.

Pido tu leche putativa con grandes balidos.
Mis vellones blancos y ondulantes
son para que hagas correr a través de ellos
los ríos de mi propia sangre.
Y es que te amo
hasta el sacrificio.

Si lo único que quieres hacerme ahora
es poner tu mano sobre mi espalda,
para que pueda sentirme querido,
puesto que aún deseas que crezca un poco más,
déjame cerrar los ojos
y desear ingenuamente
que tu cuchillo se hunda en mi carne
y la traspase.

No me devuelvas nunca a la majada,
para dejarme confundido
entre los otros.

No te olvides
nunca
de mi necesidad.

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