En el parque
todo lleno de rumores tranquilos,
miramos los tardíos transeúntes pasar,
bajo el claro de luna.

Sobre la banca callas con solemnidad;
pero en tu silencio
hay, únicamente,
amor que descansa para incorporarse pronto
con nuevas violencias.

Busco tu mano.
Es una noche de niebla,
fría
como acero.
Entrelazamos los dedos
haciendo un nudo compacto;
sentimos en ellos
la misma hoguera que no mengua con los años.

No conforme,
me inclino hacia ti,
buscando escuchar la canción de tu pecho.

No resta, para esbozar la sonrisa,
sino sentir el galope de tu sangre tan cerca;

y pensar que el mundo
no es un lugar peligroso.

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