El vampiro, de Froilán Turcios

En esta novela de 1910, la estética gótica y el decadentismo europeos son trasplantados a Honduras para servir como lenguajes que hablan de las trasformaciones sociales, políticas y literarias que se estaban viviendo en el país. Trata sobre un vampiro, el padre Felix, que asecha a un muchacho, Rogerio de Mendoza (quien narra en primera persona) proveniente de una familia de alcurnia afincada en La Antigua de la que el cura es amigo y asiduo visitante. El cura pone al descubierto su apetencia diabólica y la corrupción en el seno de la Iglesia católica. Muerde al muchacho y ocasiona una trasformación en él-

“El vampiro”, de Alejandro Cuevas

En 1911 el mexicano Alejandro Cuevas publica este cuento en su libro Cuentos macabros, que responde al más puro estilo modernista, donde la extrañeza e irrupción de lo sobrenatural son ampliamente influenciadas por las narrativas de Poe y Hoffman. Se trata de un cuento con ecos del cuento “El hombre de arena”, pues en ambos casos se trata de un protagonista infantil que es traumatizado por una figura sombría y extraña que afecta su vida y tiene una relación mórbida con su padre.

Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos

En esta novela, la ficcionalización de la vida del dictador paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia consigue una narración en que las fuentes históricas, literarias y mitológicas se confunden creando un personaje sobrenatural que, de acuerdo a Carmen Serrano, mantiene una “sutil pero firme” relación aún no explorada con la imagen del vampiro.

Crónicas de vampiros, de Fernando Romero Loaiza

Este libro de cuentos del colombiano está compuesto por 35 relatos breves, todos protagonizados por un vampiro. Un primer grupo muestran al vampiro como un ser frágil, falible, victimizado y ridículo; otro lo muestra como un ser angustiado y marginalizado por la opresión; otro lo muestra vampiros tocado por el amor; otro lo muestra como un ser libre, contestatario, que da rienda al deseo en sí mismo y que es epítome de la modernidad, un héroe solitario y contracultural; y un quinto lo muestra mezclado a mitos o momentos de la historia colombiana y latinoamericana, dedicándose a reproducir rasgos estereotipados de los medios de comunicación masiva del último siglo.

“Los ojos de la noche” de Andrés García Londoño

Es un cuento inserto en el libro Relatos híbridos (2009) del colombiano. Allí la representación del vampiro introduce interesantes variaciones respecto a la imagen más clásica: el ser de la noche obsesionado con la sangre, con un olfato hiper desarrollado, asexuado y sensible a la luz del sol, puede envejecer y se cuida de los humanos, ya que, si bien es más fuerte que ellos, puede morir de un balazo. Y aunque al principio el vampiro de este cuento ve a los humanos como mero alimento, posteriormente acaba desarrollando sentimientos éticos ante ellos; de este modo se autoimpone algunas reglas para dañar lo menos posible a la especie humana y también se resigna a vivir en soledad su condición sin trasmitir a nadie el vampirismo.