Voy a cantarte mi poema
así, del modo que te amo, ingenuamente,
simple como el animal que mama por instinto,
ángel venido de musicales constelaciones,
ángel de pecho exaltado por la mano del viento.

De tu lira se desprenden los ecos sexuales, las alucinaciones
que estremecen mi cerebro, que juegan mi razón.
Tu carne tensa las fuerzas de la más sana juventud,
tu piel exhala aromas que me invitan
a en tus brazos medirme sin recato.
Tu abdomen es la llanura donde quiero mi muerte reposar.

Cuando recuesto mi cansancio en tu pecho
tu corazón late una música especial por mí;
y en cada respiración tu cercanía me explora, me domina.
Ah, no desertar nunca de esta excitación,
de este recorrido de prisas en el tacto
de quien siente las ganas de llevarte siempre adentro,
de ser llenado por ti.

Estas aquí: dictas mis sentimientos,
produces mi turbación, ensanchas mi capacidad de sonreír
y la mano de tu ausencia con delicada presión
va guiando mi pluma sobre esta nostalgia de olor.

Te llevo como a un asombro:
si pudieras ver dentro de mi
te sorprendería lo hermoso que eres.