Vuelve; no me encuentro ya más.
Si me palpo sólo sorprendo mi desnudez estremecida
y este vicio aturdido de replegamiento.
Adonde miro sólo hay sombras que me arrastran
y otros entes nacidos de mi insania.
En cada rincón me siento a llorar;
y la luna se ensancha de leche enferma.
El sol entra por agujeros, consume las sabanas, me incendia.

Sufro al presentir la dicha
con que tu cuerpo se abandona en otros brazos.
Vuelve. Difícil es el camino hacia exteriores.
Los muebles han violado su acomodo
y saltan de una pared a la contraria.
Ha estallado la armonía.
La gente en la calle soba mi espalda;
pero no ve el infierno que en mis vísceras combustiona,
que me hace regurgitar azufre, cenizas, carbón.

Espantosa como novela romántica es tu ausencia.

Ay, tu mirada aparece a veces entre tornillos y llaves que vuelan;
pero no me dirige sus rayos: se cierra.

En cada ventana hay un monstruo que me acecha.
Y este instante parece ya un pozo, una dentadura que me come,
una trampa que me enreda.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí