Ni dejar un legado de textos decadentes,
ni un corazón destrozado detrás.
No necesita ser de forma aparatosa;
a nadie le importaría además.

Desaparecer. Tan sólo desaparecer.

Ni una colección de cintas que heredar,
ni una sucia foto mía en un muro:

desaparecer, tan solo desaparecer…

y dejar de jugar al poeta oscuro.