Que el amor sea abismo entre nosotros.
Que nuestra unión sea el cielo derribado,
nuestro infierno en vida de todos los días.
Déjame desmayarme en tus alfombras,
mientras bailo al compás de la última música de la locura.
Déjame fatigarme a tus pies,
flagelar mi carne con el sudor de lo vulgar,
bailar sobre las brazas ardientes de la herejía
para que el dolor que despierte en mí
sea mi más grande felicidad.

Abre las cortinas de tu corazón
hacia ese salón de aroma crepuscular
donde estamos tú y yo eternamente jóvenes,
unidos al primer beso de sangre, al último aliento.
Quiero rondar tus blancos balcones,
llevar las cuerdas de mi voz en garantía de pacto irrevocable,
hacer las correctas galanterías
y esperarte de pie.

Que la sed sea una unción de piadosas falsedades.
Que nuestro hogar sea un paraíso de expulsiones.
Que la dicha sea esta muerte segura de tus brazos.
Que una mirada de Dios nos halle avergonzados.

Desde hoy, y hasta que se levante el telón
del más nuevo amanecer.

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