Trabazón del hueso,
espumeo de cerveza para horas merecidas,
eres el lucimiento súbito,
otorgado en justicia
para que otra leche de afecto se derrame
por el hábitat que compartimos.
Voy a ti como paloma a su natural alimento:
pulsión que reconoce derroteros.

Mapa proteico,
tu cuerpo es exacto puerto de abandonos.
Y algo es por ello crisantemo abierto
asistiendo al poder de tu belleza viril
ensañándose sin saberlo:
brillo apolíneo, incesante relámpago.

Vierto en ti lágrimas de júbilo en secreto.
Mejores dones temen salir.
Es el hambre gozosa,
venerándote
en la magnitud del conocimiento seguro
que da tu pie cuando es mordaza
para callarme a tu lado.

Amabilidad tu cabeza;
honestidad tu nombre.
Olas un de placer modesto
sutilmente se van así inclinando.
Dormir contigo es la avaricia permitida.
Te recibo en ambas mejillas.

Dignifícame, pues,
con tu golpe;
píntame en el lienzo al que pertenezco.
Cuerpo y acto serían disciplinados
donde tus botas vayan pasando
y anuncies con tu sonrisa
la aparición de los milagros.

Contenme en tus manos,
para que no resbale.
Manos de artista:
lujuria que va de las planicies a los nichos
para modelar un mundo perfecto.

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