Eres mi dios de
metales afilados
y dulces espectáculos al alba,
vigoroso caballo que embiste al viento
y muerde el verano delicioso para compartirlo conmigo.
Encarnación de la saciedad del libertinaje,
falo altísimo, señor por quien me humillo;
te amo hasta la punta más minúscula de tu cuerpo,
hasta el rincón más oscuro...
Semental, rey de mi sangre,
relámpago de verdad en que me reconozco vivo,
dueño al fin de tu látigo y tus admoniciones,
del horno en que arde tu sexo a fuego lento.

Contigo anudo la distancia
y quiebro alfileres de tiempo.
Enciérrame adentro de tu cuerpo
para vivir el trato duro de tus necesidades.
Ténsame como cuerda alrededor tuyo.
Clávame a tus muestrarios dispensadores de prodigios.

Te llevo como una costra
que no puedo removerme sin sangrar.
Creo en ti con ojos vendados, hasta el fin de mis tiempos,
templo de luz en el camino de la prostitución,

fuente de néctares y barnices
que gotea adentro de mí
y hace nacer rosas donde antes hubo ceniza…

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