Home Literatura Poesía Qué curtidas laderas se desciende en mi cuerpo, de Ramón Dominguez. Reseña

Qué curtidas laderas se desciende en mi cuerpo, de Ramón Dominguez. Reseña

0

Qué curtidas laderas se desciende en mi cuerpo (Centro Universitario de la Costa, 2018) es el primer poemario publicado de Ramón Domínguez (Guadalajara, 1986), quien ya había recibido varios reconocimientos por trabajos anteriores, tales como una mención honorífica en los Juegos Nacionales Florales de Lagos de Moreno en 2013 con Oficio de Adán, un segundo lugar en la I Bienal de Literatura Joven Hugo Gutiérrez Vega en 2014 por El agua breve de los días y otra mención honorífica en el II Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres con Las palomas otean mi navegación.

            En su prólogo Francisco Gallardo advierte la filiación que tiene este poemario con la poesía del siglo XX, heredero de tradiciones que van del coloquialismo al neobarroco. Destaco sobre todo la asimilación de estilos que convergen en una poética ecléctica que se nutre de referentes de diversas latitudes geográficas y épocas, tales como Coral Bracho, Luis Armenta Malpica, Sharon Olds, Georges Schehadé y María Auxiliadora Álvarez, por citar algunos nombres.

El tema central de este libro es la figura del Padre (nombrado en mayúsculas) a la que se le rinde un homenaje al mismo tiempo que se elabora con ella un diálogo cimentado en la figura de la “novela” como construcción que se vale del artificio de la confesión y la autobiografía para elaborar un discurso literario que incluye al mismo tiempo a la ficción en favor de la expresividad. El libro está explícitamente dedicado a los padres del autor y se inicia con una inscripción del cuarto mandamiento de la judeo-cristiandad. “Honrarás a tu padre y a tu madre”.

En la primera sección del libro, “Poema para prepararme para la muerte de mi parte”, se prefigura la ausencia del padre debido a la irrupción de la muerte. Como advierte el prologuista, si Jorge Manrique encontró la consolación por la muerte de su padre tras el suceso, Ramón Domínguez lo ha hecho ya, por medio del sortilegio de la poesía, como si por medio del rito de la escritura pudiera exorcizarse del dolor que esto supondrá a su momento. De entrada, el primer poema traza ya una descripción mortuoria:

Me duele pensarte así a veces
—más desde que cumplí 30—
con las manos en los flancos y ese terrible maquillaje
con que adornan a los muertos
para que no se vean las mejillas hundidas o
sangre en la boca Duele sabes
porque de niño pensé que eras invencible
porque de niño supe que tu altura era cercana al sol
a las cosas del cielo que hoy
son lo mismo que las de la tierra.

Misma que abre el camino para la autorreferencia y la problematización de la filiación. El drama cósmico Padre-Hijo se actualiza en la concreción de una casa, de un mismo nombre compartido (“cartílago del mismo hueso fundamental”), de una forma de ser adulto y mirar al niño que se fue, y mirar a la figura del padre envejecido: “A veces pienso en que más vale morir antes que tú / pues no sabría qué hacer con mi Madre / y mi hermano y con la casa ya desvencijada”.

            La constelación familiar es el marco en que este drama adquiere su mayor significación. El dolor, la conciencia de la finitud, el paso del tiempo sobre los cuerpos, son algunas de las marcas de que sobresalen de este tejido de palabras. Todo alumbrado por el amor como un sostén de la escritura que no puede obviarse.

            “A la sombra de los árboles de memoria”, la segunda sección del libro, sigue llenando ese álbum de recuerdos. La infancia se recupera y da testimonio de la figura materna, la casa de los abuelos, los berrinches, el sarpullido: una forma particular de ser niño. La figura del Abuelo es, aquí, la figura ancestral en la que se buscan los designios de la genealogía. Más atrás en el tiempo sagrado de la humanidad, está el paraíso perdido y la figura de un Adán como padre de todos los padres, cuyo recuerdo queda asegurado en la figura del manzano totémico. A medida que nos adentramos en esa línea familiar, el lenguaje va entrando en un proceso de disociación. El halo poético avanza hacia terrenos del misterio y el estilo se va adentrando en un proceso de extrañamiento. La casa, con todo, sigue con su estructura vigilando el orden existente.


Las casas donde viví
y donde perdí tantas cosas
me acosan como fantasmas de un sueño
y entre más crezco más viajo al pasado
para entender el ser que seré
y busco con ansias
la que será mi casa
la morada donde ningún mar sea más ancho
que mi corazón
que perdí hace tanto en las mudanzas
: cartílago del mismo hueso fundamental

En “Más allá del agua Padre dice mi nombre”, el padre se vuelve una presencia espiritual que ronda el texto como un fantasma. Aquí hay una línea de lectura que abre la interpretación a una evocación de la trinidad Padre-Hijo-Espíritu. Se figura como si el poeta quisiera hacer un paraíso con palabras para que lo habite el espíritu del padre. En este apartado, el verbo está más trabajado, las asociaciones de palabras son más atentas: hay una clara intención de regodeo la palabra: “Sea tu cuerpo y el mío un dátil primerísimo / una ojiva de este hueso fundamental sea”.

            Finalmente, en “Duele la muerte pero más su idea” llegamos a un clímax ligústico, diálogo con la obra El ser que va a morir de Coral Bracho, algunas de cuyas líneas sirven como epígrafe a este apartado: “Porque verte morir no son los ojos para abarcarte, / y deslindar tus brazos de la muerte / es como desgajar un lago en dos orillas: / dos imanes que tiran para romperte.” Diálogo que se articula no sólo en el tema de la muerte del padre, sino también en la apropiación de ciertos procedimientos retóricos y estilísticos, en la emulación de ciertos giros. El lenguaje llega en este libro a su punto de tensión más alta, se fragmenta y deconstruye hasta aludir finalmente al vacío en la última línea:

El cuerpo atado al filamento
—¿qué luz transmite qué eco?—
: bagre que combate cuerpo a cuerpo
en la vejiga de tinta sobre el tablón Padre
Boca que (im)pide decir
: nada.

Este libro, que pertenece a una colección cuya distinción es la de enmarcar a los nuevos poetas del ámbito vallartense bajo el concepto general de Letras en la Mar, actualmente ya uno de los festivales de poesía más importantes del país, puede conseguirse de venta en                         .