Nostalgia del ser querido

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Dejó ya su huella en la arena de la memoria.
No pasó inadvertido entre los ojos
en que su imagen se posó como un agua limpia.

Cuando a veces solíamos llamarlo,
temprana o tardíamente había de responder.
Una señal o menos y ya todo volvía a ser benigno…

Cosas importantes faltan sin él
que nos colmaba pero debía –normalmente– esperar.
(Repartía a manos llenas su algarabía
sin importar que, de manera evidente,
fuera por no hacer tediosa la obligación…)

Queremos volver a devorar
esa pulpa de fruto veraniego traslúcido,
tener para nosotros su semilla generosa:
el centro de todo después de todo. Porque el deseo
sólo es congruente consigo mismo…

Basta ahora, para no traicionar la bienandanza,
tocar gentilmente la mano que queda,
compartir su vivo recuerdo como un pan solar,
llenos de gozo, porque existió…