Sé que me contradigo. Pero… ¿qué se puede esperar de un ser como yo, en un mundo caótico que es como un manicomio natural donde los especímenes hostiles gobiernan las comunidades? ¡Nos obligan a mentir sobre mentiras!

Hago lo posible por ser congruente con mis actos y mi palabra. Pero muchas cuerdas tiran de mí en todas direcciones y no puede nunca el títere hacer su voluntad, ni tampoco un trapo a la intemperie oponer resistencia al viento.

Muchas noches me encierro a escribir poema tras poema, sin atender ni hambre ni necesidad de abrigo. Y gasto mi vida en esta patria de lágrimas. Alguien sálveme: lo estoy pidiendo por favor.

Y nadie me hace caso, quizá porque he hablado del amor como si yo fuera un pétalo flotante subiendo al cielo en un rayo de sol. Pero no saben que el amor así no es más que uno de los disfraces de la autoagresión.

Estoy más descuidado que una cárcel; y mi pensamiento se hunde inexorablemente en ceguedad, en sordera. Una tapia soy, un topo cavando su propia tumba.

¿Después de tantas humillaciones públicas, qué vendrá? ¿El último acto ya en el que, revolver en mano, siembre el terror en una enorme concurrencia poniendo punto final a la obra con una bala?

Pero lo peor es que no hay consolación. No habrá aplausos al final del recital.