Capítulo 4

Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo.

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Las alteraciones de la vida no son ni mucho menos tantas como las de los sentimiento humanos. Durante casi dos años trabajado infatigablemente con el único propósito de infundir vida en un cuerpo inerte.

Volumen III

Capítulo 2

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¡Aparta! No te escucharé. No puede haber entendimiento entre tú y yo; somos enemigos. Apártate, o midamos nuestras fuerzas en una lucha en la que sucumba uno de los dos.

¿Cómo podré conmoveros?; ¿no conseguirán mis súplicas que os apiadéis de vuestra criatura, que vuestra compasión y bondad? Creedme, Frankenstein: yo era bueno; mi espíritu estaba lleno de amor y humanidad, pero estoy solo, horriblemente solo. Vos, mi creador, me odiáis. ¿Qué esperar de aquellos que no me deben nada? Me odian y me rechazan. Las desiertas cimas y desolados glaciares son mi refugio. He vagado por ellos muchos días. Las heladas cavernas, a las cuales únicamente yo no temo, son mi morada, la única que el hombre no me niega. Bendigo estos desolados parajes, pues son conmigo más amables que los de tu especie. Si conociera mi existencia haría lo que tú, armarse contra mí. ¿Acaso no es lógico que odie a quienes me aborrecen?

Capítulo 8

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La criatura seguía forcejeando y lanzándome insultos que me llenaban de desesperación. Lo cogí por la garganta para que se callará, y al momento cayó muerto a mis pies.

[…]

Vagué durante algunos días por los lugares donde habían sucedido estos acontecimientos. A veces deseaba encontrarte, otras estaba decidido a abandonar para siempre este mundo y sus miserias. Por fin me dirigí a estas montañas, por cuyas cavidades he deambulado, consumido por una devoradora pasión que sólo tú puedes satisfacer. No podemos separarnos hasta que no accedas a mi petición. Estoy solo, soy desdichado; nadie quiere compartir mi vida, sólo alguien tan deforme y horrible como yo podría concederme su amor.

Mi compañera deberá ser igual que yo, y tener mis mismos defectos. Tú deberás crear este ser.