A Erich Fromm, psicólogo social y filósofo humanista, le asombran igualmente las similitudes entre la actividad del sueño y los mitos. Está de acuerdo también en que los mitos de los pueblos, cuyo verdadero significado es la expresión de ideas religiosas y filosóficas, así como de experiencia anímicas (el mito: un recipiente de apreciados recuerdos del pasado[1]), a pesar de sus diferencias, tienen algo en común: y es que están elaborados en leguaje simbólico, en el que las experiencias internas, los sentimientos y pensamientos son expresados como si fueran experiencias sensoriales, acontecimientos del mundo exterior.  Es un lenguaje con su lógica, gramática y sintaxis propias, en donde las categorías dominantes no son las del tiempo y el espacio, sino la intensidad y la asociación; este lenguaje vale para todas las culturas y para toda la historia.[2] El autor considera que el hombre moderno ha olvidado ese leguaje que los antiguos consideraban entre las expresiones mentales más significativas y cuyo no entendimiento equivalía a la ignorancia, considerándose actualmente solo elucubración de la mentalidad precientífica,[3] aunque reconoce que la obra de Freud ha estimulado un cambio de actitud hacia estos en las ultimas décadas.[4] 

De entre los varios tipos de símbolos que clasifica el autor, podemos distinguir el símbolo universal que es en el que hay una relación intrínseca entre el símbolo y lo que representa[5], y es encontrando, en muchos casos, arraigado en la vida de todos los seres humanos.[6] En él un objeto puede ser símbolo del mundo la mente, encontrándose una relación evidente entre una experiencia mental y física. “Ciertos fenómenos físicos sugieren, por su misma naturaleza, determinadas experiencias mentales y sentimentales, y nosotros expresamos las experiencias sentimentales con el lenguaje de las experiencias físicas, es decir, simbólicamente.” El símbolo universal “tiene su raíz en la experiencia de la afinidad que existe entre una emoción o un pensamiento, por una parte, y una experiencia sensorial por la otra”[7] y tiene sus orígenes en las propiedades del propio cuerpo y los sentidos, así como de la mente. Como hemos visto, la sangre representaría un símbolo universal de la vida y por ello lo vemos extendido en todas las culturas, dando probablemente origen a la creencia en el vampirismo; de este modo, el vampiro mismo sería también un símbolo universal, un símbolo sin embargo con múltiples significados de acuerdo a la historia y la geografía. Fromm piensa que el símbolo universal es un lenguaje por derecho propio y de hecho el único lenguaje universal que ha producido la especie humana, pues todo grupo humano es capaz de comprenderlo; la prueba de esto está en la extensión de estos símbolos en los mitos y en los sueños en todas las culturas, tanto en las primitivas como en las altamente desarrolladas.[8] Esta afirmación, no obstante, merece matizarse, ya que el lenguaje simbólico universal puede estar determinado por las diversas condiciones naturales, y ciertos símbolos universales pueden tener un significado distinto en las diversas regiones de la tierra.[9]  Debido a lo que el lenguaje simbólico del mito dice de la experiencia profunda del hombre universal, el autor opina que las universidades y centros de enseñanza superior deberían enseñar a comprenderlo.


[1] Fromm, Erich (2012): El lenguaje olvidado. Paidós: Buenos Aires, p. 18

[2] Ibídem, p. 20

[3] Ídem

[4] Ibídem, p. 22

[5] Ibídem, p. 30

[6] Ibídem, p. 31

[7] Ibídem, p. 32

[8] Ibídem, p. 33

[9] Ibídem, p. 34

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