Edgar Mayo (Acapulco, 1987) es psicólogo de formación por el Centro Universitario de la Costa de la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado como tanatólogo y como terapeuta en casos de adicciones. Actualmente trabaja en un campo de golf y entrena perros, curiosamente. Su experiencia como psicólogo le ayudó a valorar la importancia del contexto en la literatura.

En 2015 publicó un libro de poesía llamado De la grotesca imagen a la falta de inspiración, editado por Eugénesis, con un tiraje de cien ejemplares. Él siempre ha considerado ese libro como un capricho literario. La historia de este poemario inicia en 2005 y termina en 2011. Durante este periodo el libro cambió tres veces de nombre y fueron eliminados al menos treinta poemas. Para su edición, tres ilustradores gráficos rechazaron el libro. Muchos sugirieron cambios principalmente en sintaxis y en algunos nombres de los poemas, lo cual Mayó rechazó. Después de leer De fusilamientos de Julio Torri, y algunos textos de Charles Simic y Augusto Monterroso, estaba totalmente seguro que no quería cambiar ni una sola coma de esa catarsis, y así fue. Nunca fue su intensión hacer poesía, sin embargo, su búsqueda por definirse a través de los sentimientos más antiguos lo obligó a leer poesía y luego a hacer esta obra.

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Lo más entrañable de este proceso fue la búsqueda de lo inalcanzable, como en caso de los románticos. Aunque asevera: “El escribir puede ser un acto egoísta, en el cual incluso tus letras podrán ser las más repugnantes, pero perseguirás esa hoja blanca tal cual un enamorado no declina su oferta de amor por una mujer.”

La distribución del libro corrió a cargo del autor, el cual realizó dos presentaciones de él. La primera en el Centro Cultural Cuale, en Puerto Vallarta. La segunda En “Pedro y el León”, un bar de Guadalajara. El libro ya está agotado desde hace tiempo.

Acerca del título del libro, está inspirado en las noticias de la nación en que “encontraba gran cantidad de alarmas que indicaban la caída de la estética y el surgimiento de lo grotesco, algo peor que la peste”. “Consideraba que la oscuridad de la noche no causaba asombro y la luna no era inspiración para ningún poeta actual: en definitiva, la inspiración estaba moribunda.” “De la grotesca imagen a la falta de inspiración” es una relación de noticias amarillistas que se resiste a la pérdida total del asombro humano.

Su idea de la poesía es que en ésta el contexto tiene un valor muy importante. “Es absurdo hablar de belleza, valores y antivalores pues esto no determina en su totalidad al poeta. A propósito de esto, cito a uno de mis poetas favoritos y que ha decidido vivir en la decadencia, Dagon Escarabajo: ‘No se le puede pedir a un elotero que haga cosas de un chef’”. Considera que la época no está para pedir la llegada de un Rimbaud. Y por ello al poeta le queda ser realista y natural.

De entre todos sus poemas, su favorito es “Declaración de un albañil a su sabrosa”. “Tratar a una dama en un poema puede ser aburrido, cuando consideramos que nuestra naturalidad es la de un animal social por naturaleza. Es una crítica a la convención literaria de usar a la mujer como una musa. Para un albañil, en este texto la mujer es una larga fila de adjetivos que rehúsa mencionar para que su cuerpo no sucumba en una erección.”

Aunque considera que Puerto Vallarta tiene buenos poetas y es un lugar fértil en el sentido literario, tiene muy poca relación con la comunidad literaria. Aunque tiene buenos compañeros en el medio. Su camino en las letras lo define como “La senda del perdedor. El camino errante. El síndrome de Bartleby.”

Cuenta algunas experiencias que ha tenido con escritores: “Un día entré a una conferencia de José Agustín. Todos pedían autógrafos y yo pensaba que por su exageración por Eric Clapton. Después de esperar más de una hora a que todos se disiparan, me acerco, lo saludo y le pido dinero para realizar una revista cultural. La expresión en su rostro fue de sorpresa. Me proporcionó un correo para que le mandara textos y aseguró que de gustarles podría hacer la introducción al proyecto. Nunca mandé nada. Pasaron años para darme cuenta de lo irreverente y la arrogancia del escritor. En otra ocasión, gané el tercer lugar en un concurso de cuento. Mi premio fue un libro con firma de Fernando del Paso. Edgar no sabía ni quién era él. El libro lo regalé a un buen amigo.” Y resumen, en relación a estas experiencias, dice: “Mi aspiración es reunir la mayor cantidad de historias en mi cabeza.”

Admira a Rulfo, Arreola y Alfonso Reyes, Lovecraft y Quiroga.

.Actualmente piensa en una segunda edición de su libro, por lo que está en búsqueda de buenas propuestas editoriales. Del mismo modo, trabaja en un nuevo libro que lleva por nombre  El refrigerador y la leche caduca.

A los lectores de este artículo quisiera darles el mensaje de que vencer la apatía es la prioridad, pues de otra forma es complicado establecer un vínculo afectivo con la literatura en la actualidad.