Estoy en amor con mi mejor amigo
y su respiración entrecortada que eriza ya mis vellos
y su auscultación sorprendiéndome en sopor e inseguro.
Con su boca a la medida de mi beso
y la huella de su pie oloroso sobre mi pecho
y su estancia permanente en mi cerebro.

Estoy en amor conmigo cuando estamos juntos,
con mi ronroneo protegido bajo su brazo,
con mi mocedad cosquilleándole la axila
y mi energía difundiéndose en la suya, encendiéndolo,
haciéndolo crecer.

Cómplice mío, sedante de mi fiebre,
a ratos nublado de nostalgia pienso en ti y me toco.
Estamos unidos con algo más fuerte que un cordón de
plata:
el deseo que une más, cada vez más,
que la necesidad y las lágrimas.

No hay más que decir que no sepas
cuando me miro en tus pupilas y te hablo
sin palabras.