Mi pensamiento
ha adquirido las dimensiones 
del espanto y el castigo: es ya unas tijeras
que podan mis mínimas capacidades,
ya una silla eléctrica que se activa si vuelvo a pensar en ti.
(¿Y el corazón? ¡Una bomba de tiempo…!)

Hay días muy últimamente
en que me siento a la orilla mí mismo
sólo para esperar verte pasar;
en los que el aire, por mí enrarecido, apaga las pocas señales
que me atrevo a encender buscando tu atención.
Hay noches de plomo. Que aplastan...

Quiero ir a donde tú vallas,
seguirte como un perro babeante, pero cariñoso,
que retoce dando vueltas a tus pies,
buscando tu mínima caricia.

Y porque te amo a sangre fría…

Salgo de mí, voy en tu persecución
como una alondra queriendo disparar al cazador.
Pero no pretendo asesinarte;
sino sólo hacerte un poco de daño,
por comprobar que existes.