Falleció el maestro José Luis Calderón Vela, originario de la ciudad de Irapuato y radicado durante muchos años en Tarimoro. Se dedicó a la docencia, a la poesía y la gestión cultural, además de haber actuado y pintado. Fue una persona muy querida y admirada por cientos de personas que conocieron su espíritu sereno pero intenso, su madurez que entrañaba una jovialidad lumínica, su alegría calmosa, su amistad generosa y el dinamismo que imprimía a cada una de sus actividades.

            La Red Estatal de Tertulias Literarias de Guanajuato que fundó está de luto y comparte su duelo en una infinidad de publicaciones en redes sociales de homenaje que le han rendido quienes alguna vez participaron en ella: aficionados, escritores, juglares, cuentacuentos, historiadores, cronistas, raperos, trovadores, declamadores, músicos, poetas, comunicadores, rimadores y cantautores, etc., de diversas envergaduras. Recorrió con este proyecto todos los municipios del estado de Guanajuato, realizando tertulias en las que el espíritu de comunión y el apoyo de unos por otros se sentían palpables y cálidos.

            A partir del éxito de estas tertulias, en las que se congregaban lo mismo niños que adultos mayores, decidió editar la antología Letras Interiores, aparecida apenas a inicios de este año, en la que en medio millar de páginas se presentan poemas, narraciones y cuentos de más de un centenar de miembros de esta Red. Edición que fue presentada por Benjamín Valdivia e incluye a algunos autores de renombre, junto a vates, viejas figuras y amantes de la palabra de todos colores y tonos. Según Valdivia, este compendio toma el pulso de la actualidad de la escritura en el estado “y lo presenta con todos sus matices, con sus realizaciones y sus futuros”. El diálogo entre nosotros se dio de esa forma. Y gracias a tal antología se formaron y consolidaron muchas amistades, algunas revistas literarias, se abrieron nuevos proyectos de difusión, se dieron a conocer jóvenes autores, se trazaron nuevas metas y se abrió la oportunidad para muchos que de otro modo no la hubieran tenido. A través de las coordinaciones en los municipios, la Red crecía, y tenía en los últimos meses presencia en otros proyectos del estado, del país y del extranjero, tales como festivales de poesía, ferias del libro, liberarías y estaciones de radio, entre otros.

            La pandemia no detuvo los esfuerzos y el talento del maestro Calderón como gestor. Su inquietud y su espíritu incansable lo hicieron adaptase de manera envidiable a las nuevas tecnologías para seguir con la difusión de las letras y la escritura. Mediante plataformas como Google Meet o Zoom, realizó desde los inicios de la pandemia constantes tertulias virtuales de varias horas, que a veces contaban con un invitado de prestigio. Promovió también la grabación de videos y audios para incluirlos en programas electrónicos de diversas páginas de internet o instituciones culturales. A través de Whatsapp y Messenger permanecía en contacto con el equipo que lo ayudaba en su logística; y gestionaba presentaciones y colaboración con individuos, colectivos y organizaciones. Por Facebook daba seguimiento y compartía convocatorias, oportunidades y los frutos de su labor.

            Mención aparte merece su trabajo como poeta, que quizá no tuvo el debido reconocimiento en vida, por no haberse integrado a los círculos de poder oficiales de la literatura de estado, y trabajar más bien luchando directamente con la gente, un poco en los márgenes, y viviendo mano a mano con el pueblo su oficio de maestro y actor social. Su poesía, de registros variados, da cuenta de las búsquedas de estilo y la conciencia escritural a las que se enfrentó como artista. Era un excelente declamador de sus poemas, con esa voz grave suya llena de hondura, pero también sutileza y matices de muchos colores. Además de poemas, escribió prosas poéticas, artículos y cuentos. Entre sus obras figuran: Los tiempos desolados Cuatro cuentos para dormir y Recuento de años difíciles. Fue antologado en Estados Unidos, Colombia, España y México.

            Su última aparición pública la realizó en el Primer Festival Iberoamericano de Canto y Poesía para La Paz y Esperanza, con sede en Michoacán, mediante Facebook Live. Sin embargo, ya andaba mal de salud y no le gustó cómo realizó su presentación, por lo que, riguroso consigo mismo, decidió borrar el video. Al poco tiempo, ingresó a la sala de urgencias por una fuerte pulmonía, y en algunas horas ya  había dejado este mundo. Al saber la noticia, el gremio de escritores, sus discípulos, sus amigos, lectores, allegados y cientos de admiradores alrededor del país, no dejaron de expresar sus condolencias, su hondo pesar, sus gratos recuerdos junto al “maestro Calderón” como cariñosamente le solían llamar en quienes tenía sembrada la semilla de cariño que había depositado con su generosidad. Inmediatamente empezaron los homenajes: lecturas en su honor, dedicatorias, carteles, poemas, ediciones, esquelas.

El maestro siempre tenía una sonrisa que dar cuando se fotografiaba uno con él. Siempre tenía un gesto amable para sus cercanos. Y una palabra divertida para sus viejos cómplices. Alguna vez me comentó que lo motivaba mucho y le alegraba la compañía de los jóvenes poetas, porque de ellos reaprendía no sólo el espíritu lozano que uno no debería de abandonar nunca, sino que le maravillaba la capacidad expresiva de sus creaciones. Así, había pensado y estaba preparando para septiembre una tertulia especial para los autores jóvenes de la antología Las buenas nuevas. Antología de poesía de la última juventud guanajuatense, que iba a ser saludada y acompañada por algunos de los jóvenes poetas del estado que ya son reconocidos. Esto da cuenta del espíritu de comunión y fraternidad que animó su labor como gestor. De los gestos cálidos que tenía siempre reservados para seguir promoviendo la luz en el camino tortuoso de la literatura.

PODREDUMBRE
(José Luis Calderón Vela)

8 am.

Te preparas el desayuno
mientras oyes y miras el televisor.

Las mismas notas rojas.

Asombra escuchar con cuánto detalle
te informan lo que pasó a kilómetros.

Te sientes miserable en medio de tanta
podredumbre.

Ves cómo se turba e infecta
el colectivo universal.

Meditas, vociferas, analizas, suplicas.

Envejeces prematuramente,
tu sangre corre más de prisa.

Al parecer el mundo estará siempre
sumergido en males inacabables
siguiendo la infinita ley natural donde
todo ha existido y existirá como es.

Comprendes que necesitas
perfeccionar tu relación con los dioses
pero definitivamente adviertes
que los hombres son los hombres
y los dioses son los dioses.

Nada más.

Que hay dos mundos:
el de la dicha, donde viven los dioses
y el de los infortunados, donde viven los hombres
y que no hay conexión alguna entre el uno y el otro.