Esta vida no puede
decirse desgraciada.
Recibimos dádivas
sorbidas deliciosamente.
Fuimos fuego para el cardiaco impulso
del odio. Al amor nos apegamos,
babeantes, como a una almohada.
El suspiro nos hizo al fin respirar
más acá del vapor nocivo.
Y vimos la vida como un pasatiempo:
crucigrama irresoluble.
Esta vida no puede ser tan mala
si es verdad que es insensible el universo.
El dolor sería sólo ilusión
de falsos profetas.











