¿A qué hablar del mañana imposible
si el hoy nos corroe con su lepra incurable?
Si el ambiente es un cúmulo de sustancias mortales
y sólo respiramos para oxidarnos más y más.
Si siempre, para siempre, caerá la noche, sepultándonos,
matando la ilusión, arrasando la esperanza.
Es el hoy lo que se nos va tan lentamente;
impotentes nos rendimos al naufragio.
Es el hoy lo que toca a nuestra puerta exaltándonos,
dejando una carta vacía, abatidos los ánimos;
lo que cae como gotera en el sueño,
como el cabello que se desprende
cuando te estás peinando frente al espejo.
Porque no hay futuro.
Porque hablar de lo que vendrá
es anticiparnos a querer asir la niebla,
es señalar en el mapa un tesoro que no existe.











