La primera vez que Natalia (Ciudad de México, 1986) tomó un pincel tenía tres años. Pintó su primer cuadro a los doce años y desde entonces no ha dejado de pintar. “Hice de la pintura un hábito cotidiano para mí”, nos cuenta.

Las técnicas de esta artista son generalmente mixtas. Utiliza la pintura acrílica y pigmentos como base para detallar en ocasiones con óleo, y barnizar con resina. Con estos elementos ha creado una obra abstracta, de un colorido íntimo y pacífico, que evoca lo onírico, lo etéreo. Aunque en ocasiones agrega elementos figurativos como ciertos animales, peces, elefantes, o cuerpos, ojos y caras, formando una poética personal que ha desarrollado en los últimos años con base en la intuición, la disciplina y la constancia.

Viniendo de una corriente abstracta y conceptual, uno de los pintores que más influyó en sus creaciones es Richard Mills, su director artístico en la Universidad de Artes Visuales en Quebec, aunque en la actualidad ha desarrollado una práctica y un proceso creativo muy intuitivos. Es la intuición la que le permite abordar sus retos y, en vez de ceñirse a lo ya visto y aprendido, da rienda suelta a su mundo interior, a su autenticidad. Ha sido una búsqueda de muchos años para desarrollar un estilo propio, lo cual ha aprovechado al mismo tiempo como terapia para superar las dificultades y los cuestionamientos de la vida. Sobre todo, se ha tratado de perseverancia y fe en uno mismo. “El arte es un trabajo de mucha paciencia, perseverancia y de compromiso consigo mismo. Pienso que es solamente atreverse y vencer el miedo, seguir trabajando con toda la energía y amor y hacer lo que nos gusta. Hay meses malos y hay meses buenos. Apostar al arte es apostar a la vida y trascender en lo material. Soñar con algo es hacerlo y es atreverse aun sin aprobación y lanzarte a hacer lo que amas”, abunda.

Esta terapia por medio del arte ha podido llevarla a los niños por medio de su Arteterapia, en el Taller de Pintura Colibrí, el cual inició hace cuatro años en Jilguero 171, en la colonia Los Sauces, de Puerto Vallarta, ciudad donde ha vivido quince años. Lo que más disfruta en ese sentido, con ellos, es estimular su creatividad temprana, verlos liberar su estrés y frustraciones y tranquilizarse dado que ellos también lo necesitan, así como llevarlos a un conocimiento de sí mismos por medio del arte.

Estos años para ella en esta ciudad han sido detonantes, pues le han dado la experiencia de convivir y trabajar con niños, trasmitiéndoles su conocimiento artístico, al mismo tiempo que conocer a una gran variedad de artistas, participando en eventos y exposiciones. “Para mí, Puerto Vallarta ha sido un lugar que me ha permitido crecer en el ámbito artístico y profesional”, asegura. La gran variedad de arte, artistas y pintores nacionales e internacionales con diferentes públicos y estilos que hay en la ciudad suponen un medio propicio para desarrollar sus habilidades. Ella encuentra en el arte pictórico de la ciudad, incluyendo los murales callejeros, un gran colorido fascinante. Aunque considera que no hay mucho apoyo institucional para la pintura, refiere que las licenciaturas y maestrías que ofrece en Artes Plásticas el Centro Universitario de la Costa son un apoyo para quienes quieren profesionalizarse.

Sus trabajos, que se han expuesto en Puerto Vallarta, La Cruz de Huanacaxtle, Ciudad de México, Querétaro y Québec, pueden encontrarse en su Taller de Pintura Colibrí. En línea pueden contemplar una galería de su trabajo en: https://www.instagram.com/natzanini