Cuando a veces en la alta noche
sobresaltados no podemos el sueño volver a unir,
los fantasmas interiores son tan reales
que si abrimos la boca un instante
exhalamos un vaho de inquietudes tan espeso
que a la alcoba parece asfixiar.

Y sabemos: no es lo mismo ya:
la infancia no vuelve del pasado,
los parientes de la muerte no regresan,
un amor de verano es imposible en la vejez,
la confianza en el futuro ha cesado de existir
y nada bajo ningún sol ardiente o una luna apagada
vuelve alguna vez a quedarse, a ser igual.

Es entonces que un sueño, como una tumba profundo,
desciende hasta nuestra frente,
y al abandonarnos esta vez entre sus brazos,
nos es difícil,
muy difícil despertar.