Uno de los derechos humanos fundamentales es tener una nacionalidad, que según la Real Academia Española es el vínculo jurídico de una persona con un Estado, que le atribuye la condición de ciudadano de ese Estado en función del lugar en que ha nacido, de la nacionalidad de sus padres o del hecho de habérsele concedido la naturalización.  También es la comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una especial identidad histórica y cultural.Silueta, Hombre, Mujer, Escape

Tener una nacionalidad es pertenecer a una familia, tener amigos, tener una ideología, tradiciones, idioma, identificarse con un paisaje, con una bandera, con la música y nada como unos juegos olímpicos para emocionarse ante el paso de una bandera, para identificar a otros como uno y decir somos de ahí, para que la nacionalidad salga a flote.

Pero en estos juegos de Río, en el desfile inaugural de pronto aparecieron 10 atletas con una banderita blanca en la mano, diez atletas que representaban la más triste situación a la que se ven enfrentados miles de seres humanos el día de hoy (más de 65 millones) y que es abandonar su país, arriesgar la vida para escapar del horror de la guerra.  Enfrentarse a otra violencia, la del desprecio y el miedo, con la esperanza de encontrar un nuevo hogar.

Estos diez atletas llegan a Río para dar visibilidad a los refugiados y sostener la esperanza en un mundo mejor, ellos son:

  • Los nadadores Yuzra Mardini y Ramis Anis de Siria, Yuzra vive en Berlín y Ramis en Bélgica.
  • Los yudocas Yolande Mabika y Popole Misenga del Congo, ambos viven en Río de Janeiro.
  • Los corredores de 800 metros Rose Nathike y Yiech Pur Biel; en 1500 metros Paulo Lokoro y Angelina Lohalith y en 400 metros James Chiengjiek de Sudán del Sur, los dos primeros viven en Nairobi, mientras que Paulo, James y Angelina en Kenya.
  • El maratonista etíope Yonas Kinde, reside actualmente en Luxemburgo.

Autor: Queta Simental