Bendita la piedra que no ve;
la piedra hostil que es reposo absoluto,
orden supremo, corazón de la muerte.
No, no quiero más sentir
que sentir nos aflige… y el pensar es pesar…
¡y la conciencia de existir es tal!

Todo acto es violento.
Quiero ser la piedra que nada debe hacer,
no dañar el cristal de la serenidad,
permanecer en silencio de plenitud original.

El cerebro, los tuétanos se enervan frenéticamente;
pero este poema no se logra.

Quiero ser la piedra… ¿Es mucho pedir?