Hombro con hombro somos hombres.
Y por senderos adversos, sorpresivos de los años,
mi mano conoce en la suya
la extensión de su propia plenitud.
Espalda con espalda,
para abarcar en un vistazo la totalidad circundante,
así los miembros de un precioso compás:
las cabezas que se unen a un solo afán,
el poder hacer de las fuerzas que se juntan,
la dicha multiplicada al compartirse
como panes de un único milagro:
la guerra, el exterminio mutuo del humano
resueltos, conciliados.