El espíritu de Uayamón (2021), de la narradora novel Sandra Fernández, radicada en Querétaro, es una novela (de próxima aparición en la editorial española Letrame), de corte fantástico, que aprovecha la mitología maya, así como los conflictos raciales históricos de esta cultura, para proponer una historia cuyo tema central es el de la salvación del alma. El título de la novela permite reconocer de inmediato el elemento maya, el cual es central y muy bien desarrollado. El lector puede fácilmente ser trasportado a ese espacio, sentir los olores de los alimentos tradicionales, percibir la frescura de los ambientes tropicales y sentir la selva en todo alrededor con sus plantas y animales nativos. De hecho, la hacienda de Uayamón, en la que suceden las acciones determinantes, de verdad existe. Es una hermosa construcción enclavada en medio de la naturaleza, en el estado de Campeche.

Hacienda de Uayamón

La novela nos lleva también, con éxito, a terrenos de la mitología maya relacionados con la cosmología de la vida y de la muerte, y sobre todo del inframundo, que dan una opción digna y bien trabajada de la narrativa fantástica mexicana, ya demasiado agotada en imaginaciones occidentales de herencia europea. Pues, si bien es cierto que las mitologías prehispánicas han tenido una atención por parte de los escritores desde hace décadas, ésta parece haber recaído en la cultura mexica principalmente, no existiendo casos muy notables de elaboración en torno a la tradición mitológica maya. Por lo que la novela aprovecha este campo muy fértil y allí construye su potencial evocativo y sugestivo.

El elemento histórico de la novela nos lleva hacia julio de 1847, en que inició la Guerra de Castas en Mérida, en la que los indígenas se rebelaron a las insufribles diferencias sociales y económicas que los aquejaban. La escritora nos cuenta sobre la trama:

“Los alzados atacan la Hacienda Uayamón en la Ciudad de Campeche el día que se celebraba la Primera Comunión de Josefina Carvajal, hija única de Francisco Carvajal y de Mariana Sauri, propietarios de la hacienda. Ese día la niña desapareció de manera misteriosa. Años después, en 1987, Beatriz y su padre llegan a la hacienda para llevar a cabo su restauración, al poco tiempo que la madre de Beatriz se hubiera suicidado. En la hacienda conocen a Balam Canek, un niño maya, quien los introduce en la mitología maya: el yaxché o árbol sagrado, el Xibalbá o inframundo y diversas creencias y leyendas que giran en torno al lugar. Beatriz conoce a una niña que nadie más ve y que trata de ayudarle a superar la reciente pérdida de su madre y le hace prometer que regresará. Después de muchos años, Beatriz decide regresar a la Hacienda Uayamón a cumplir a su promesa; esta vez acompañada de su hija Inés, quien desaparece. Para rescatar a la niña, Beatriz habrá que adentrarse en compañía de Balam Canek en el Xibalbá, en donde se le develará el secreto que ha guardado Josefina Carvajal y a su vez podrá perdonar el abandono de su madre.”

            El nudo de la novela nos lleva, como ya indicamos, hacia la búsqueda de la salvación y purificación del alma, así como un descenso al inframundo, donde las tramas terminan de anudarse en forma de árbol, precisamente como la ceiba mítica a que alude la novela, en cuyo tronco estaría la historia principal de Beatriz. La escritora ha sabido bien, a través de un largo proceso de reflexión y reescritura, anudar las tramas menores con las mayores y no descuidar el desarrollo de las acciones principales.  Los prodigios que aparecen en la novela están bien ordenados dentro del pacto de lectura, apareciendo con lógica propia. El lector ve ante sus ojos la realidad trastocada por efectos de lo sagrado.

Por su parte, el estilo de la novela hace gala de una atmósfera poética de principio a final, con diálogos de sentido dramático eficaz y bien llevado a cabo. En suma, el lector se deleitará con una narración que lo mantendrá al borde del misterio, esperando un clímax y un final efectivos que dejan un grato sabor de boca en los lectores, luego de haber reconocido, que la vida y el amor son capaces de vencer a la determinación de la muerte. Y que la muerte, así, es sólo un elemento cósmico más, perfectamente integrado a la existencia.

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