There’s beggary in love that can be reckoned

Shakespeare

1

Tu cuerpo de sacramento que sabe morir está en paz con los crímenes del mundo, la luz tenebrosa, el vacío de la eternidad y todo lo que alguna vez robamos.

Mata a tu vida como a la niña de mis ojos, saluda al terror de los soles eclipsados: esta noche será sólo soledad de plomo, escarnio, belleza de ángeles bélicos.

¿Para qué un ataúd de infinita gracia? ¿Para qué una sonrisa que llora sangre en la tristeza de lo que no tiene alas?

Es largo el camino de nuestro duelo. Esta es mi herencia para ti. Porque te amo. Porque soy joven y estoy listo para morir.

2

Perdóname el huracán en el velo de novia, el silencio de cuchillos erectos al alba, mi saludo a la noche helada, antes de ti. Mi saliva ahoga tu mundo, pero alguna vez —lo prometo― el panteón no estará tan lejos.

Aquí no hay sino un cataclismo de escarcha, el mismo réquiem de piedra sin música que está necesitando nacer para sufrir.

Sí ―lo he dicho antes―, me duele todo: las aristas del hielo, el ocaso de mi voz, la opacidad de estas máscaras que son un muro que detiene tus aguas.

Tu oración es de vergüenza y guerra. Y sueño con soñar lo que tú sueñas.

Porque el amor no ha sido sino una pared a la que nos volteamos para dormir y tener pesadillas.

3

No hay necesidad de ser fuertes otra vez: la caducidad de la vida es ya inminente. Sólo hay que llamar al Diablo que ronda donde haya un poco de fuego.

Muchos colores pueden ser peligrosos para tus ojos sin alegría. Sueña conmigo el sueño de la muerte. Y, hasta que no despertemos otra vez, ahoguémonos por amor en nuestras salivas.

El veneno no será suficiente. Ni el miedo…

¡Qué asma estoy sintiendo! ¡Qué amor! ¡Qué canción de inexorables metales suena en mis oídos que te claman en desesperación!

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